Grabo bodas en el Minho y en casi todo Portugal.
Y lo hago de una manera concreta: intento que os olvidéis de mí. No es modestia ni es una frase de web, es una decisión de trabajo que cambia todo lo demás.
Cambia el equipo que llevo, el sitio donde me pongo, lo que os pido y lo que nunca os pido. Esta página lo explica al completo, porque creo que merecéis saber cómo va a ser el día antes de firmar nada.

Por qué discreción
He grabado bodas de las dos maneras. Técnicamente salen bien. Y luego ves la película y hay algo que no encaja: la gente está haciendo de sí misma.
He sido el del vídeo que pide a la gente que vuelva atrás, que monta una luz en medio de la sala, que interrumpe el abrazo para repetirlo desde un ángulo mejor.
El momento en que vuestra madre os ve vestidos por primera vez pasa una sola vez. Si os pido que lo repitáis, lo que queda grabado es la segunda vez, y en la segunda vez todo el mundo ya sabe que le están grabando. Todo el mundo endereza la espalda. Nadie llora igual.
Por eso la regla es simple y no tiene excepciones: yo me adapto al día, el día no se adapta a mí. Si perdí un plano, perdí el plano. Lo compenso con atención, no con repeticiones.
El día, hora a hora
Preparativos
Llego pronto, normalmente antes de que me esperéis, y lo primero que hago no es apuntar la cámara a nadie: es dar una vuelta por la casa para ver de dónde viene la luz y dónde puedo colocarme sin estorbar.
La hora de los preparativos es la más silenciosa del día y la menos protegida. La gente todavía no está en modo boda. Ahí están los planos que después os hacen llorar viendo la película: el vestido colgado de una puerta, alguien planchando una manga, vuestro padre sentado esperando sin saber qué hacer con las manos, la pequeña discusión sobre el nudo de la corbata.
Grabo casi toda esta parte con teleobjetivo, desde el otro lado de la habitación. No os pido nada. Si me necesitáis para algo, llamadme; por lo demás, haced como si yo no estuviera. Muchas parejas me dicen después que solo se dieron cuenta de que estuve allí cuando vieron la película.


Ceremonia
La ceremonia es la parte del día en la que la discreción deja de ser una preferencia estética y pasa a ser respeto básico. Iglesia o civil, el principio es el mismo: nadie debería tener que apartar la mirada de vosotros por culpa de un cámara.
Antes de empezar hablo con el cura o con el celebrante. Pregunto dónde puedo estar y dónde no, y lo cumplo. Nunca he discutido con un celebrante en mi vida por conseguir un ángulo mejor. Pongo las cámaras en posición fija en los sitios acordados y el sonido queda grabando de principio a fin, sin depender de que yo esté cerca.
Eso quiere decir que hay ángulos que no voy a tener. Lo acepto de buena gana. Un plano bonito que se gana a costa de que el cura me mire mal a mitad de los votos no vale lo que cuesta.


Retrato
Esta hora no es mía. Es del fotógrafo, y yo voy detrás.
Lo que grabo aquí es casi todo lo que ocurre entre las poses: el camino hasta el sitio elegido, la risa después de una indicación que no salió bien, el viento cogiendo el velo mientras él cambia de objetivo, vosotros dos hablando bajito mientras esperáis. Es el material menos preparado de todo el día, precisamente porque la atención está en otro sitio. Curiosamente, es de donde salen los planos que más gustan a las parejas, y no pedí ninguno.
Si el fotógrafo quiere dos minutos a solas con vosotros, le doy los dos minutos y me aparto. No pierdo nada con eso.


Fiesta
Por la noche voy ligero, y eso es una elección, no una limitación. Una cámara en la mano, una luz pequeña solo cuando de verdad no hay alternativa, y el sonido de la sala grabando.
La fiesta se graba desde dentro. Quien está bailando no debe notarme, y la única manera de que eso pase es no llevar medio estudio a la pista. Estoy atento a los discursos, que casi siempre son el mejor sonido del día, y luego dejo correr la noche. Si en algún momento tenéis la impresión de que ya me he ido, probablemente esté a tres metros de vosotros.


El sonido
Esta es la parte que casi nadie pregunta y que marca la mitad de la diferencia.
Una boda tiene un sonido propio y desaparece por completo si no se graba en el momento. No hay forma de recuperar después la voz del celebrante, lo que dijo vuestro hermano a mitad del brindis antes de que se le quebrara la voz, lo que cantó vuestra abuela cuando la banda cogió aquella canción.
Por eso el sonido va siempre por delante de todo lo demás: micrófonos puestos mucho antes de hacer falta, más de un sitio grabando a la vez, y grabadoras independientes que siguen trabajando aunque yo esté en otra sala. Prefiero tener tres grabaciones del mismo momento que quedarme sin ninguna.
La película corta lleva música por encima, porque es lo que una película corta pide. Pero el sonido original queda todo guardado, y de ahí nace la película documental.

Qué recibís
El teaser, en 72 horas
Setenta y dos horas después de la boda tenéis el teaser. Un minuto, montado con lo mejor de lo que pasó.
El plazo es firme y lo es a propósito. Un teaser que llega en marzo no sirve de nada: a esas alturas ya todo el mundo ha hablado de vuestra boda y ha pasado página. A los tres días todavía estáis contestando mensajes, todavía hay gente preguntando qué tal fue, y todavía se os mueve algo por dentro cuando lo contáis. Ese es el momento en que un vídeo vale más.
Bloqueo el lunes siguiente a cada boda solo para esto. Por eso lo puedo cumplir.
Los highlights
Los highlights son unos cuatro minutos que ya dan espacio a la historia del día, más de lo que permite el teaser, sin ser todavía la película completa. Llegan dentro del mismo proceso de montaje, sin esperar a los noventa días de la película final.
Son una opción de pago, aparte del paquete. No todas las parejas los quieren, y quien se queda solo con el teaser y la película final queda bien servido. Os lo digo en el presupuesto y no al final.
La película final, en 60 a 90 días
Entre dos y tres meses. Digo el número más alto a propósito, y explico por qué. La duración queda entre los quince y los treinta minutos, según la escala de la boda: si es un evento muy grande o algo más sencillo.
Entre junio y septiembre tengo bodas casi todos los fines de semana. Un montaje en serio —ver todo lo grabado, tratar el sonido, corregir el color, volver atrás dos o tres veces— no se hace en los días que hay entre dos sábados. Fuera de temporada llega bastante antes.
Prefiero deciros noventa días y entregar a los setenta que prometer treinta y andar inventando excusas en noviembre. Es una decisión que a veces me cuesta una reserva, y la sigo tomando.
Si hay una fecha que os importa de verdad —un aniversario, un viaje, alguien de la familia que quiere verlo y no puede esperar— decídmelo al reservar. Os digo enseguida si puedo o no.
La película documental
Este es el extra que más me cuesta explicar en una web y más fácil es de entender cuando se ve.
La película corta es una versión del día. Está elegida, montada y musicada: yo decido qué queda, decido el orden y pongo música encima. Es bonita y es lo que la mayoría de la gente quiere enseñar a sus amigos.
La película documental tiene poca edición, a propósito: son fragmentos más largos de la ceremonia y de la fiesta en la finca, con el sonido que el día tuvo de verdad, sin cortar para que quepa en un tiempo.
La música que sonó en la iglesia es la que se oye, no la que elegí yo. El celebrante habla y se oye lo que dijo, con las pausas y con la acústica de la nave. La fiesta suena como sonó: la banda o el DJ ajustando el sonido, el ruido de los vasos, el momento en que canta todo el mundo y nadie acierta con la letra.
Es una película larga. No es para verla la semana siguiente y no es para publicarla. Es para dentro de diez o quince años, cuando ya no recordéis el timbre de la voz de alguien que ya no está. Para entonces la película corta seguirá siendo bonita, y esta valdrá otra cosa.
Es opcional y se paga aparte. Si me decís que la queréis antes del día, grabo con eso en mente, lo que significa más micrófonos y más cuidado con la continuidad del sonido. También se puede pedir después, siempre que no pase demasiado tiempo.

Trabajo con vuestro fotógrafo
Si ya habéis elegido fotógrafo, decidme quién es.
Le llamo antes del día, entiendo cómo le gusta trabajar, y acordamos las dos o tres cosas que suelen dar roce: quién se pone dónde en la entrada, quién manda en la hora del retrato, y cuándo enciendo yo una luz. Son cinco minutos de conversación que os ahorran un día entero de dos equipos tropezando el uno con el otro.
Si todavía no lo habéis elegido, puedo sugeriros nombres con los que ya he trabajado. No gano nada con eso, y os digo siempre que no gano nada con eso.
Cómo se reserva
Me escribís con la fecha y el lugar. Contesto diciendo si estoy libre y con los precios.
Si seguimos adelante, quedamos para hablar con calma —en persona si estáis cerca, por llamada si no— para entender qué tipo de boda vais a tener y qué es lo que de verdad os importa.
La fecha queda reservada con el contrato firmado y una señal. Solo grabo una boda al día, siempre.
